Sé que estoy en falta- Hace dáis que prometo el monólogo, y hoy entran y todavÃa no está. Bueno, no está, y si tienen alguna queja ya saben: inversor@blogdegogui.com.ar
Pachi, era el Yaya, Andrés Rossi, quien estuvo con vos en el escenario durante el juego que armó durante el espectáculo que dio en Rafaela el gran payaso cordobés y ex delantero de Talleres Piñón Fijo. Porque, llamativamente, los dos únicos hombres que estuvieron en el escenario junto al Gran Piñón fueron mi hermano y el Yaya, mi gran amigo y compañero de aventuras.
Qué loco, faltaba yo, pensé cuando me enteré. Es que a mi -tengo que admitirlo- no me gusta mucho Piñón Fijo.
Es que, seamos sinceros, payasos eran los de antes. O sea, antes ibas a un circo, no? Te sentabas en la butaca, esperabas que tu abuelo/a te compre todas las porquerÃas sintéticas, brillantes y comestibles del mundo y arrancaba ¿no? Resulta que la magia del circo es una mentira de las pelÃculas. En los que yo fui, los trapecistas cortaban los boletos y vendÃan panchos al mismo tiempo. O sea, lo que yo llamo verdaderos malabaristas. Eran bastante patéticos: los leones viejos y cansados, pisos cubiertos de paja para que nos e note la mugre, carpas rotas y emparchadas, el tipo que vendÃa la fotito adentro de un cubo de plástico para mirar, los cables con focos amarillos que cruzaban la carpa.
Bueno, decÃa, los payasos. Entraban los payasos a mitad del show y tenÃan las siguientes caracterÃsticas: eran gritones, se golpeaban mutuamente con cualquier excusa, tenÃan pies muy grandes, se vestÃan raro y hacÃan chistes malÃsimos, luego de los cuales carcajeaban como enfermos mentales y te miraban cómplice. la gente se reÃa básicamente por lástima o compasión, o porque habÃan pagado la entrada. Siempre tuve miedo de que me llamen, porque realmente asustaban.
Lo que no entendÃa era que tenÃan razón ahora que lo pienso ¿no? Era una metáfora y yo ni me daba cuenta.
Ahora de grande, cuando miro la tierna y apacible figura de Piñón Fijo, no se por qué pero extraño a esos canallas que me hacÃan tener ganas de irme a mi casa.
Che, ¿éste no era un blog de humor?