Archive for December, 2006

La invasión

Friday, December 15th, 2006

Era un día como cualquier otro, en el que me levanté con las mismas expectativas de siempre. La mañana tardía indicaba soportar el sufrimiento de escuchar Radio 10 –que mi madre pone religiosamente a todo volumen durante el período matinal- y sólo me espraba un desayuno con yogur y pan lactal. Pero, al fin, no había previsto eso que en ese momento di a llamar “la cosa extraña”: recordé la voz de la Elena diciéndome “si, porque vamos a hacer unos arreglos en el lavadero….” Y así volvieron. La invasión se produjo cuando menos la esperaba. Me tomaron por sorpresa, por la espalda, como un yanquee confiado en la selva vietnamita. Los albañiles estaban ahí para hacerme insoportables los próximos días.

“Son sólo dos días”, había dicho la matrona de casa, pero yo sabía la verdad. Hace una semana y media que están ahí y contando. Pisos sucios, ladrillos hasta en el baño, la casa arrasada, como un campo de guerra, mientras esquivo diariamente las penurias insufribles de estos seres con los que me tocó convivir a lo largo de toda mi vida.

Si no fuese porque ponen cumbia a todo volumen (“es el baile del pajarito, todos con las manos, todos a los gritos”) la intervención sería, cuanto menos, tolerable. Pero no. Los albañiles insisten en hacer de cada día una salutación a la irritación.

Los albañiles, esos seres de apariencia afable, embebidos del espíritu proletario marxista leninista, inspiran compasión y ternura a una primer mirada. Pero luego, cual trífidos ponzoñosos, lenta e imperceptiblemente invaden cada sector de la casa con sus risas groseras, sus camisas abiertas, sus ladrillos, sus golpes intermitentes contra una pared que no tiene la culpa de nada, sus radios a todo volumen, su Renault 12 destruído en la puerta de casa, como un tótem que anuncia el desastre presente. Ay! Los albañiles son a la vida familiar como los amantes latinos a une mujer católica: uno se debate entre la felicidad del resultado final, la necesidad de tenerlos dentro de uno, y el rechazo hacia todo lo que es una intrusión a las sensaciones más profundas.

¿Por qué? ¿Qué hicimos, Dios, para merecer ALBAÑILES dentro de casa? ¿Por qué no terminan y se van? Sólo dos días, decía la ilusión. No sabía lo que el esperaba, no sabía que los albañiles son un gremio que se dedica a destruir paredes e intimidades ajenas, que meten sus narices en lugares que uno debería ocultar al gran mundo.

Quiero levantarme y no ver sus caras odiosas, sus golpes contra las cosas, sus carretillas y suciedad cubriendo cada rincón de un noble hogar impoluto.

Si supiera cómo usar un fratacho, todo sería diferente.

¡¡¡Ni desaparecido ni en acción!!!

Wednesday, December 13th, 2006

Resulta que hace una semana que no paro con cosas. A las cosas atrasadas se le suma el anuario del diario, así que ando medio loco.A este paso colgaré el segundo monólogo en Navidad.

El fin de semana si paré. Estuve en Rosario dos días. Fue como irme de vacaciones, realmente fabvuloso, pero volví medio desconectado.

Como punto primero a resaltar: la casa de Mariano sigue siendo la mejor casa del mundo. El “ranchito dignidad”, como le puso su habitante, es un lugar al que aprecio mucho. Un pasillo con mística, cerraduras odiosas, cocinas que explotan, televisores chiquitos, videos de robotech, mucha música, y excelentes momentos.

Luego: zona sur. Llamo a mi amiga Lucy para salir el sábado por la noche:

- Uh, qué cagada -me dijo- Es que estoy en Zona Sur, está lejos.

Yo quise indicarle que, en mayor o menor medida, todos estamos en la “zona sur”. Pero obvié los tercermundismos y luego medité.

 

- Qué carajo es la zona sur??? Por qué todos los rafaelinos se van 10 minutos a Rosario y se creen que uno entiende todo??? Soy un rafaelino solo en Rosario, tenés la obligación de venir a salir conmigo!!! Esto debería regirse por ordenanza municipal, la puta madre!!!

Decí que tengo a mi amiga la Vignoli, alias Xenia, que me salvó el sábado a la noche, me regaló una plaza hermosa, y me mostró, finalmente, la zona sur. También me regaló un panfleto extraño y muchos buenos consejos. Más de lo que pedía el sábado.

El domingo vi un barco, que zarpó desde el puerto en medio de la noche. Portaba la letra K. Concluí que, para un rafaelino, ver un barco es como ver a George Clooney tomando café en La Gloria.

También vi “Los Infiltrados”. Era un cine de mierda, pero la película es buenísima. Muy Scorcesse, las muertes son lo mejor, un abanico muy variado de formas de asesinar a alguien y un Jack Nicholson que se pasa con la escena del consolador. ¿Intrigante, no?

Pasaron otras cosas en Rosario, pero me las quedo por un rato. No vaya ser que las pierda pronto. Sólo sé que a veces uno va a un lugar con ciertas premisas, ciertas ideas. Y el mundo insiste en cambiarte la bocha, como que te muestra un barco que zarpa, y vos creías que los barcos sólo salían de Londres o Nueva York.  

Eugenio

Wednesday, December 6th, 2006

Eugenio se fue para siempre. Anciano y cansado, pasó sus últimos días en compañía de su familia, amigos y los recuerdos que todavía guardaba en ese arcón de la memoria, con aroma a naftalina, flores frescas y humo de cigarrillo abandonado. Eugenio fue parte de los Grandes Valores del Tango (el programa), y de los grandes valores del tango (de acá). El mejor amigo de Remo Pignoni y Mingo Scalengue -dos eminencias de nuestra música-, Eugenio tocaba un poco el acordeón, aunque pasó a la historia como, justamente, historiador. Eugenio será recordado por esas anécdotas interminables sobre el pequeño mundillo del tango, mundillo que  a él le apasionaba, y del que era parte. 

Hace un tiempo lo entrevisté. Me encontré con un cuerpo cansado y una memoria que no respondía a la increíble energía que todavía tenía. Sus ojos brillaban cuando mostraba una canción, y si por algo lo voy a recordar es por la generosidad de quien comparte aquello que más ama: la música. Juntos escuchamos Berretín, ese tango tan hermoso y sentido, que fue compuesto por el gran Juan Carlos Mesa y grabado por un inolvidable Polaco Goyeneche, quien compartió muchos momentos con Eugenio. Eugenio Morbidoni tenía un berretín. No se sabe si ese berretín era su amor por la vida, su amor por sus hijos, el culto a la amistad, al noche y la conversación, un arte que sabía practicar con gran elegancia. Eugenio, no te conocí mucho, pero siento tu partida, porque es como una doble ausencia: la de no tenerte entre nosotros, y la de no volver nunca a tenerte entre nosotros. 

Sospecho que estarás allá arriba, tomando el último helado de La Gloria, junto a Remo, sentados en un banco de la plaza del cielo, conversando como dos viejos amigos que se encuentran. 

Don Inodoro

Sunday, December 3rd, 2006

Domingo al mediodía. Hacía rato que no me levanto un domingo antes de las 12. Luego de un desganado desayuno y la confirmación de que este domingo tampoco vamos a pasar la tarde a Roca con los pibes, me dispongo a leer el Clarín. “Hay dos clases de domingos -decía Yaya-. Los que tienen a Inodoro Pereyra y los que no”. Y esta Viva indica que éste en particular sería de los que no. 

Titular central: el hermano de Fidel -hoy al mando de Cuba- le propuso negociar a EEUU. Caramba, el futuro llegó hace rato, me dije. Seguí: en la tira de la Nelly hacen una radiografía de los celulares robados de las carteras de la hija de Bush. Divertido, posmoderno, actual, versátil. Todo sigue así. Un artículo sobre un supuesto dueño de las manos de Perón engalana uno de los títulos más chicos. Y al fin, un informe “a la Clarín” sobre cómo será el mundo en el 2050. El matutino resalta: va a haber robots y menos gordos. Y colonias en Marte. 

Pensé en las noches que pasé en casa de mis abuelos, cuando el Nono Dante falleció, y yo me quedaba con la abuela Celia. Ella miraba tele y yo ojeaba la Conocer y Saber, y la Muy Interesante. Allí, con el 1989 en curso, -y la Híper pisándonos las patillas- estaba todo: en el año 2000 (2010 a más tardar) tendríamos autos voladores, robots sirvientes, colonias en Marte. Todo mientras saqueaban supermercados y la democracia tambaleaba todos los días. 

Hoy, cruzando el último pedacito de 2006, lo único que parece volar son los precios de las góndolas; y los pronósticos para el 2050 indican que estamos más cerca de recordar ese año por los 105 años de peronismo consecutivos, que por tener autos voladores o colonias en Marte. 

Las mellizas Bush llegan a Argentina y ales roban en San Telmo. A los dos días salen en la tapa de Gente con remeras de Boca que dicen “Megatone”. El gobierno de Cuba quiere negociar con EEUU mientras Fidel agoniza en un hospital público. En el 2050 tendremos robots y colonias en Marte, dice Clarín, y a eso le suma que alguien tiene todavía las manos de Perón. 

Mientras los argentinos, sólo podemos decir “mal pero acostumbráo”, el último bastión del pasado se cae al ritmo de la rutilante sentencia de Mendieta: “negociemos, Don Inodoro”. ¿Ven por qué Fontanarrosa debería dibujar esa historieta todos los domingos? 

 

El otro Bono

Friday, December 1st, 2006

mañana (sábado) a las 5 de la tarde se presenta la banda rafaelina Estilo Valentino -liderada por mi viejo compinche Alejandro Del Bono- en el Canal CM, donde presentarán….no sé, sus caras! Véanlo! Es una maldita orden!

 

La Gerencia