El otro dÃa miraba(mos) un paquete de galletitas Lincoln. De esas cuadradas y cubierta de puntitos, marroncita clara. Bué. El paquete decÃa en el reverso “Receta: Lemon Pie”. “Bien”, pensé, “galletita argentina con nombre inglés desea mostrarse vanguardista”. Hace un rato, abro la heladera, y en el reverso de una leche condensada Nestlé decÃa “Receta: Lemon Pie”.
Y ahà caÃ. ¿Quién fue el que declaró al Lemon Pie “el asado de los postres”? Ahora todo el mundo sabe hacer un Lemon Pie. Cuando yo era chico el Lemon Pie era un artÃculo de lujo. En la casa de gente con plata habÃa (con suerte) un Lemon Pie. O en la casa de una abuela de origen europeo.
Ahora, hay en todos lados Lemon Pie. De pronto, en cantidad de pedidos realizados en bares, está desplazando a la argentinÃsima Isla Flotante.
¿Y de dónde viene? ¿Alguien lo sabe? No será el Lemon Pie una chirusa cualquiera que llega a esta tierra de alcurnia en los postres? ¿No ha invadido el Lemon Pie, lugares que no le pertenecen?
¿Acaso habrá llegado a una cuerdo polÃtico con el “queso y dulce”, que es como un postre peronista, argentinazo, gaucho? No por nada, el queso y dulce es el postre oficial de los camioneros, que es gremio más fuerte y convocante del paÃs. Seguro que el Lemon Pie, que es una especie de ARI, una novedad, liviana, vanguardista. Al menos al lado de la Isla Flotante, que es un postre con más historia. El BalbÃn de los postres, dirÃamos.Â
En fin, la cuestión de los postres y el nacionalismo es un tema que me conmueve mucho, qué quieren que les diga.
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PD: estoy preparando un compilado de esa historia que escribieron, Pachi y Taty. Qué buena que está!