Elogio de las panaderÃas
Wednesday, May 16th, 2007Hay un tipo de negocio que nadie lo convierte en tendencia, pero los diferentes tipos de panaderÃas deberÃa ser -al menos- tema para un curso. Las panaderÃas son como las iglesias: hay, al menos, una en cada barrio.
Cada panaderÃa es un mundo en sà mismo, con sus especialidades, con su forma particular de hacer la misma variedad de pan y factura que las demás, con sus piezas únicas, que sólo se encuentran en determinada panaderÃa.
Uno podrÃa estar hablando de cada una de las panaderÃas de la ciudad al menos cinco minutos, por lo tanto cualquier persona podrÃa monologar al menos una hora sobre pan y facturas de cada panaderÃa que conoció en su vida.
¿Quién no se encontró en una ciudad extraña con ganas de comerse una rosca, un cañoncito de dulce de leche, o al menos un bizcochito? Todos, al menos una vez en la vida, debemos experimentar la aventura de ir a comprar pan o facturas a la deriva, en una ciudad que no conocemos.
Es un lugar donde una cocina que se asemeja más a una clase de fundición de la Escuela Técnica que a un inocente comercio de pan. Mientras en las cajas registradoras hay mujeres angelicales y jóvenes, o señoras gordas que lo saben todo sobre recetas, detrás de las puertas, en el lugar donde se cuece la masa, obreros sudorosos bromearán al ritmo de la cumbia, soportando un calor de 38 grados promedio. La panaderÃa es el cielo o el infierno, según cuan cerca de la civilización esté tu trabajo.
Ser cliente de confianza de una panaderÃa deberÃa tener más valor que un recibo de sueldo o una carta de ciudadanÃa suiza. Si te encuentran pasando cocaÃna en Ezeiza, todo deberÃa cambiar con una llamada a la amable panaderÃa del barrio donde Bernardita dirÃa al Agente Comandante JoaquÃn “Granadero†Baigorria que sos una persona de absoluta confianza, ya que tenés la libreta sumada y pagada. Las panaderÃas son como la nona, el ClarÃn del domingo, el Estanciero y Titanes en el Ring: una de esas cosas que no pierden el espÃritu con el paso del tiempo.
Tengo muchos buenos recuerdos asociados con las panaderÃas: una de Buenos Aires, en Córdoba y Billinghurst, donde con Pachi comprábamos facturas exquisitas. Inclusive Pachi decÃa “es la mejor panaderÃa del mundoâ€, y yo lo creÃa. También una panaderÃa en Rosario, donde con mi viejo amigo Gastón comprábamos facturas antes de irnos a dormir, a la mañana, en esas dos semanas que pasamos allá. También otra en Córdoba, donde cuando yo estudiaba me vendÃan las facturas de ayer –de manteca, impecables- a 10 centavos cada una. Aquella enfrente del Bunker donde hacÃamos Astrositos, donde comprábamos medialunas peronistas a las 3 de la madrugada. Y sin dudas la de mi barrio, Bernardita, que me acompaña desde la infancia con sus impecables alfajores de chocolate blanco.
Las panaderÃas, como decÃamos, deberÃan ser material de un curso. Pero que se dicte bien temprano a la mañana, justo a la hora de un buen desayuno con facturas.
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