El ex Gran Hermano no quiere aceptar que tiene que abandonar la casa. La señora triste toma pastillas delante del televisor, acariciando con sus uñas de mil dólares el bastón presidencial, y suspirando por tiempos mejores. El pueblo llama a la puerta.
Los cuatro jinetes del asojalipsis, el general entrerriano de moral intachable y sonrisa con ventana, los soldados campesinos con tractores tanques de guerra y la fanfarria falsa de todossomoselcampo.
Las miles de hormigas que cuchichean mil ideas sobre elparodelcampo, que se entrechocan y chirrían como cubiertos de un restaurant. Las noticias de la radio, que suenan como si siempre fuese el mismo día. Hace tanto ya que son
los mismos actores
la misma escenografía
el mismo guión
Los muchachos kirchneristas repiten seaprovechandeminobleza y le cambian el moño a las retenciones móviles, un impuesto impuesto por llevarse a otro lado lo que nace de la madre tierra mezclada con poxi round up.
Los señores de traje que se indignan, por la democracia, esa palabrita. Las señoras que cacerolean con los trajes de piel, el jubilado enfermo que grita que hay que bajar a esa yegua, la mamá de dos chicos, la maestra, el señor que arregla zapatos, la mina que le hace los pagos a Brunelli, la vendedora de zapatos, el señor que vende los dispenser, el tipo que arregla televisores, la señora gorda, el pendejo pelotudo, la suegra de un funcionario del gobierno, la hija del fletero, el fletero, el cuñado del fletero que si no va el fletero lo mata, el tallerista, el kiosquero que saca unas chapas cuando pasa la manifestación, el Tati Sassia, el oficinista que manda mensajes de texto, el flaco que atiende en Megatone, el que labura en la casa de respuestos del tío del que está hablando por megáfono, un pendejo de la Federación Agraria con chomba y botas, y un tipo con una cuatro por cuatro que toca bocina a una nena con una bandera argentina, un amadecasadoñarosa que se le muere el Neustad, un ex combatiente de Malvinas, un cuidador de cochera, uno que era gerente de Osde pero ahora me parece que labura de Williner, uno que lo vi una vez en yoga, un tipo que siempre va a Tío Pope, un vago con un Renault 21 azul medio destartalado que le puso un cartel hecho con Word a la luneta que dice “me adhiero al reclamo del campo”, y una señora que colecciona ostras y que se cartea con otra señora de Londres.
Kirchner se mira por tele y le gusta su nariz, su gran nariz esnifadora, que no esnifa sólo merca sino también
Poder
porque todo esto se trata de poder
el poder siempre acecha debajo de la alfombra de la guerra de los otros
esas que se libran en la tierra del dinero
por la soja, el petróleo,
esto es una guerra: o nos disparan o nos hacen disparar
Digamos basta a esta guerra ajena.
La paz no vale un impuesto mal cobrado.