Remeras Rockeras (primer capítulo)
Éste es el primer capítulo de un libro de poemas llamado Remeras Rockeras que está próximoa editarse. El tramo inicial se llama “Los Cinco Magníficos”, una clara referencia a la canción de Sumo incluída en Llegando los Monos (CBS,1986).
La remera de los recitales
Un viejo fan de los redondos
escuchando Pier en un garage
se pregunta adonde se fue todo eso.
El tipo tiene la remera de Oktubre
y una hija de tres años que se llama Luzbel
es un delivery de día en una gestoría
es un delivery de pizza de noche.
Se compra un Luis Majul
se va a bañar con Lux,
y a veces juega al pool
el fan de los redondos se pregunta
Adonde se fue, adonde fue su amor.
Recuerda un mediodía en San Carlos
cantando con unos pibes de Laferrere
se robaron un kiosquito de una viejita
como 20 sanguiches de milanesa
Los devoraron en un callejón
como perros hambrientos
Un policía los encontró y
el fan de los redondos
nunca había corrido tanto como ese día.
Hasta una vez lo vio al Indio
pasó como una sombra, una estrella fugaz
como una luciérnaga en un corte de luz
Pelado, lentes negros, sonrió
a él le sonrió (estaba seguro)
como esa vez en Mar del Plata en la que Skay justo lo miró
a los ojos
Y después vino Ferro, Unión
Después vino qué Napoleón
enfermos, afiebrados, aullamos
a la luna
de regreso a Octubre
siempre Octubre.
En un recital de Pity
Conoció a Lourdes.
Le decían Luly, usaba jeans
gastados
deflecados
con un parche de Intoxicados.
Ella comía chicle y
Lavaba los platos con mamá
De golpe, la nena
Esa pendeja repleta de rock
era Luly la del almacén de Ramos
Generales
generalidades
sopita y
a la cama.
¡Por una vez vas a robar algo más que puta guita!
le grita el parlantito de la combi que maneja
Llena de pendejos
que ni saben bien cómo se llaman.
El tiene una remera vieja de Oktubre
la remera de los recitales.
Escucha los discos de Pier
o de Los Piojos
en el garage de la casa que le alquila a la suegra
y se pregunta
Adónde fue
su amor.
Las canciones de Macarni
Las canciones de Macarni
cumplen muchos años todos los días
son canciones viejas que nacen con velitas
son absueltas y corcovadas canciones, las de Macarni
En las oficinas, en lodazales,
un montón de tucumanos y gente con canguritos
comparten una misma audición radial
donde pasan canciones con piano y estribillo
Y se llaman por teléfono avisándose
por los edificios y las escuelas primarias
que el tipo ese, Don Macarni,
tiene todas las tierras y estancias de acá a la China Comunista
Y las canciones se apelmazan y se complotan
se escuchan en todas partes llenándome de Macarni
el Macarni está en todos lados pero atiende en Buenos Aires
atrás de un escritorito de durlock, con puntillas
Bailan el estribillo los generales de la nada
bailan hasta que el sol se ponga y enciendan fogatas
con tres patitos y ramitas de abedules
En un campito lejano de un pueblo perdido
donde un chacarero malherido
tararea taradas canciones que se enlazan
Las cancones de Macarni suenan
como una sinfonía de un bolsillo
lleno de monedas que hacen tin tin.
Elogio de las brumas
No estoy entusiasmado por
el regreso de Soda Stereo.
Me interesan a veces las plantas
pienso en cómo será la estructura orgánica
de una planta carnívora.
Pienso en la importancia
de la obra de la generación del 80
o también que aquello que llamábamos “tecno europeo”
y era ta nuevo tan
es una música que ahora sale de un kiosco azul de revistas
frente a un sanatorio.
A veces voy cerca de un árbol
con una revista y un mate y un termo
más solo que un marsupial
a mirar pasar los tacos de mujeres
que hacen clac clac en la tarde, en plazoletas.
No
no estoy entusiasmado por
el regreso de Soda Stereo.
Ni tampoco por el celular de esa pendeja
que llora y llora una cumbia chillona
Y su madre, adolescente, se ríe y se ríe.
La música de los celulares
a veces parte de por ahí, y la miramos
como alertados, buscando la presencia del tecno-dios
no, no quiero que me arrulle
El regreso de The Police
A veces pienso que mujeres hermosas, como Rita Hayworth,
hoy se verían como Lita de Lázari.
A veces me siento también en un kiosco
con una cerquilesca
mirando pasar a las estrellas desde abajo
para arrriba
como un amanecer de mil soles plateados
y el trago amargo en una boca seca
un trago de gaucho, de cow boy, proletario
en una calle agrietada, un asfalto gris y caliente.
No, no estoy entusiasmado
con el regreso de Soda Stereo.
No sé el número de Ticketek
ni de moviestar, ni de la sala de estar
ni de nada que se parezca
a la nada
al desafío ala
al desafío odol
a odol pregunta
a la pregunta
al odio
al alcohol
al la ira
al Espadol
ni a nada de lo que esté
más arriba de la superficie.
No me interesa la
Chiqui Legrand
ni ser retro, ni tomar drogas
de diseño
ni estudiar diseño
ni pensar en diseño
ni consumir diseño
ni consumar un sueño
ni bailar, ni quedarme quieto
por un sueño
A veces tengo sueño
y me voy a dormir temprano.
Esas noches siempre sueño
con cosas que no tienen nada que ver.
Bailar pegados es bailar
Esa noche llego y no hay nadie
nadie que importe
el bar siemprelomismo abre
veinticuatro horas de tedio
en blanco y negro
al calor del porrón con ajenos
esa flema amarilla y levemente espumosa
que se toma en caliente
El rock no se baila
se escucha o se toca
es una certeza que conservo
y que no pienso declinar
Te veo así, bien reinita
boludeando con amigas
“China Girl”, Bowie te describe
y yo estoy acá parado con la música de fondo
mirándote como un enfermito.
Te veo después
antes que los policías
cierren hasta mañana las puertas de madera
Son casi las cinco
tenés ese paso quebrado propio de las chicas con vestido
cuando se emborrachan
y sonríen
y saludan
y mostrás desganada tus dientes
repletos de pedacitos de metal
tan brillantes
como zapatitos de cuerina nuevos
como un tema de Beach Boys
remixado.
(sin que supieras
que tengo dos nombres
y trabajo en una cabina de peaje
pago al día el celular
que te mandaría mensajes
a la siesta
si supiese tu número
el mío es
quince seis seis arroba Hotmail)
¿te gusta lo picante?
vamos a buscar una mesita
hay dos mozos
que nos atienden bien
y después a comer
a la plaza del centro
a fumar algo y a contarnos nuestras vidas
y a darnos besitos caprichosos
de vez en cuando, sentados en el umbral de una vieja
que siempre se levanta tarde
Bailar pegados es bailar
igual que baila el mar con los delfines
te reís y me pasás
la jeringa caliente de Lennon
esa que a veces
no nos deja dormir
También aflojo
la corto y menciono las películas
que nos quedan por ver
siempre habrá ciclos de cine
que nos hagan ver algo que ya vimos (al menos una vez)
¿Te gusta el cine alemán?
A mí el cine alemán –me decís-
Me da miedito.
Bue.
En fin.
Otro besito, y otro
los besos se deben dar
en el momento justo,
cuando la luna se desprende de a pedazos
y te cae por el pelo, bailando.
en susurros
le pedís a tu muñeca
que deje de apresurar
la noche.
Y entonces caminamos
después de cantarte despacito
una de Serú, bien melosa
un montón de
fogoncitos, vemos pasar ante nosotros,
cuando volvemos tomados de la mano
ves?
la luz que se refleja en el metal de un carro con señor que vende panchos
nos hace mal a los ojos
y anuncia que está próxima la aurora.
La palabra justa
A los dos nos llamaron Francisco
un nombre que primero se traba
y después rueda.
A vos te decían Paco
a mi no
pero los dos conocimos
alguien que nos dijo Pancho.
A mí me pesa tu nombre
como una mochila de nene de primaria
la arrastro por la vereda de calle Pueyrredón
camino a la escuela de poesía
En una materia nos enseñan
que vos empuñaste un fusil
buscando la palabra justa
la única vez que agarré un arma
-un 38 corto-
fue para asustarme y dejarla en el armario
de una casa antigua.
Yo también busco esa palabra
¿y qué?
No tengo fusil, ni el 38 de mi cuñado
no tengo ganas de comprarme un fusil
no quiero ir a la armería
a buscar la palabra justa
no quiero decir
“deme por todo esto de palabra justa”
y el tipo me entrega un palo de acero con una bala adentro.
Tu nombre, Paco, mi nombre
es también el nombre de un señor viejo
que se sienta en la vereda con su sombra recortada
cada tarde de sol en el verano
y cada noche de luna en el otoño
Yo camino, con mi mochila siempre a cuestas
y cuando paso veo a Paco
tomando un mate y otro mate
y me mira buscando
la palabra justa.
También tengo una tía
que busca la palabra justa
en el costurero plateado
mientras espera al pelotudo de mi tío
que le pega cada noche en la memoria.
Ella también, Paco,
busca la palabra justa
como el tipo que vende pintura en aerosol de color rojo
como la pendeja
que apenas muestra el culo bajo el guardapolvo
una amiga mía que trabaja de cajera
busca de vez en cuando
en una registradora
la palabra justa.
Así que
la próxima vez nos avisás
querido Paco
y la buscamos entre todos
a la palabra justa
y al fusil lo guardás
debajo de la cama
cerca del 38 corto
que quedó en el armario de una casa antigua
que ya no visito.